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Producción, comercialización, variedades más adecuadas ... Tenemos muchos temas que comentar en este foro de semillas.
Salobreña
Nuevo usuario
39 Mensajes
30 oct 2009
costa tropical

por Salobreña de judia magica 25 oct 2010, 19:23
                                                                   semillas de mucuna ceniza y mucuna pluriens..
Nasactaleon
Experto
480 Mensajes
21 abr 2008
por ahi perdido

por Nasactaleon 12 nov 2010, 22:49
¿De que va esto?
Salobreña
Nuevo usuario
39 Mensajes
30 oct 2009
costa tropical

por Salobreña de judia magica 26 nov 2010, 17:57
Protege la capa superficial del suelo contra las lluvias de alta intensidad, el sol y el viento.
Mantiene elevadas tasas de infiltración de agua por el efecto combinado del sistema radicular y de la cobertura vegetal. Las raíces después de su descomposición, dejan canales en el suelo y la cobertura evita una desagregación y sellado de la superficie y reduce la velocidad de la escorrentía.
Promueve un considerable y continuo aporte de biomasa al suelo, de manera que mantiene e incluso eleva, a lo largo de los años, el contenido de materia orgánica.
Atenúa la amplitud térmica y disminuye la evaporación del suelo, aumentando la disponibilidad de agua para los cultivos comerciales.
Por medio del sistema radicular, rompe capas duras y promueve la aireación y estructuración del suelo, induciendo la preparación biológica del suelo.
Promueve el reciclaje de nutrimentos; el sistema radicular bien desarrollado de muchos abonos verdes, tiene la capacidad de traslocar los nutrimentos que se encuentran en capas profundas hacia las capas superficiales del suelo, poniéndolos a disposición de los cultivos posteriores.
Disminuye la lixiviación de nutrimentos; la ocurrencia de lluvias intensas y de precipitaciones elevadas normalmente induce a un intenso proceso de lixiviación de nutrimentos. El abono verde, al retener nutrimentos en la fitomasa y liberarlos de forma gradual durante la descomposición del tejido vegetal, atenúa este problema.
Promueve la adición de nitrógeno al suelo a través de la fijación biológica de las leguminosas; esto puede representar una importante economía de este elemento en la fertilización de los cultivos comerciales, además de mejorar el balance de nitrógeno del suelo.
Reduce la población de malezas a través del efecto supresor y/o alelopático ocasionado por el rápido crecimiento inicial y exuberante desarrollo de la biomasa.
El crecimiento de los abonos verdes y su descomposición activan el ciclo de muchas especies de macroorganismos y principalmente microorganismos del suelo, cuya actividad mejora la dinámica física y química del suelo.
Presenta múltiples usos en la propiedad agrícola; algunos abonos verdes poseen elevada calidad nutritiva, pudiendo ser utilizados en la alimentación animal (avena, arveja, gandul y lablab), en la alimentación humana (altramuz y gandul) o, hasta ser utilizados como fuente de madera y leña (Leucaena sp).

Capítulo 12
Abonos verdes

Concepto
La utilización del abono verde como práctica agrícola, conocida ya antes de la era cristiana, consistía en la incorporación al suelo de masa vegetal no descompuesta, con la finalidad de conservar y/o recuperar la productividad de las tierras agrícolas. Para esta finalidad ya en ese entonces eran utilizadas básicamente leguminosas, por ejemplo el altramuz o lupino.
Actualmente se conceptúa como abono verde a la utilización de plantas en rotación, sucesión y asociación con cultivos comerciales, incorporándose al suelo o dejándose en la superficie, ofreciendo protección, ya sea como un mantenimiento y/o recuperación de las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo (Costa et al., 1992). Eventualmente, parte de esos abonos verdes pueden ser utilizados para la alimentación animal y/o humana, producción de fibras o producción de forraje (Miyasaka, 1984). Esto es un aspecto importante para la adopción de esta práctica, puesto que cuanto mayor sea su utilidad en la propiedad, mayores serán sus beneficios potenciales. En este nuevo enfoque, además de las leguminosas que son las plantas más utilizadas para este fin, también se usan gramíneas, crucíferas y cariofiláceas, entre otras.

Funciones del abono verde
Protege la capa superficial del suelo contra las lluvias de alta intensidad, el sol y el viento.
Mantiene elevadas tasas de infiltración de agua por el efecto combinado del sistema radicular y de la cobertura vegetal. Las raíces después de su descomposición, dejan canales en el suelo y la cobertura evita una desagregación y sellado de la superficie y reduce la velocidad de la escorrentía.
Promueve un considerable y continuo aporte de biomasa al suelo, de manera que mantiene e incluso eleva, a lo largo de los años, el contenido de materia orgánica.
Atenúa la amplitud térmica y disminuye la evaporación del suelo, aumentando la disponibilidad de agua para los cultivos comerciales.
Por medio del sistema radicular, rompe capas duras y promueve la aireación y estructuración del suelo, induciendo la preparación biológica del suelo.
Promueve el reciclaje de nutrimentos; el sistema radicular bien desarrollado de muchos abonos verdes, tiene la capacidad de traslocar los nutrimentos que se encuentran en capas profundas hacia las capas superficiales del suelo, poniéndolos a disposición de los cultivos posteriores.
Disminuye la lixiviación de nutrimentos; la ocurrencia de lluvias intensas y de precipitaciones elevadas normalmente induce a un intenso proceso de lixiviación de nutrimentos. El abono verde, al retener nutrimentos en la fitomasa y liberarlos de forma gradual durante la descomposición del tejido vegetal, atenúa este problema.
Promueve la adición de nitrógeno al suelo a través de la fijación biológica de las leguminosas; esto puede representar una importante economía de este elemento en la fertilización de los cultivos comerciales, además de mejorar el balance de nitrógeno del suelo.
Reduce la población de malezas a través del efecto supresor y/o alelopático ocasionado por el rápido crecimiento inicial y exuberante desarrollo de la biomasa.
El crecimiento de los abonos verdes y su descomposición activan el ciclo de muchas especies de macroorganismos y principalmente microorganismos del suelo, cuya actividad mejora la dinámica física y química del suelo.
Presenta múltiples usos en la propiedad agrícola; algunos abonos verdes poseen elevada calidad nutritiva, pudiendo ser utilizados en la alimentación animal (avena, arveja, gandul y lablab), en la alimentación humana (altramuz y gandul) o, hasta ser utilizados como fuente de madera y leña (Leucaena sp).

Características que deben ser observadas para seleccionar abonos verdes
Según Amado y Wildner (1991) las principales características que deben ser observadas para la selección de los abonos verdes son:
presentar rápido crecimiento inicial (agresividad inicial) y eficiente cobertura del suelo;
producción de elevadas cantidades de fitomasa (materia verde y seca);
capacidad de reciclaje de nutrimentos;
facilidad de implantación y manejo en campo;
presentar bajo nivel de ataque de plagas y enfermedades y no comportarse como planta hospedera;
presentar un sistema radicular profundo y bien desarrollado;
ser de fácil manejo para su incorporación al suelo y posterior implantación de cultivos.
presentar potencial para uso múltiple en la finca;
presentar tolerancia o resistencia a la sequía y/o heladas;
presentar tolerancia a la baja fertilidad y capacidad de adaptación a suelos degradados;
posibilidad de producción de semillas en cantidades suficientes para aumentar sus áreas de cultivo;
no comportarse como planta invasora, dificultando los cultivos sucesivos y/o la rotación.
Malavota (1967), citado por Muzilli et al. (1980), sugiere además:
pertenecer a la familia de las leguminosas;
poseer semillas de tamaño medio (1000 a 1500 semillas/kg.), aptas para germinar en suelo preparado convencionalmente;
especies que produzcan plántulas robustas, capaces de soportar la inclemencia del tiempo;
poseer semillas permeables al agua, lo que facilita la germinación;
no ser plantas trepadoras, principalmente si fueran de ciclo perenne.
Puede agregarse también que:
tenga facilidad de adaptación a los sistemas de cultivo predominantes en la región;
tenga buena capacidad de rebrote en casos de corte de la parte aérea;
tenga buena capacidad de resiembra natural.
A pesar de requerir tantas características, esto no significa que cada especie deba cumplir todos estos prerequisitos. En realidad, dependiendo de la especie de abono verde (invierno o verano; arbustiva o rastrera, ciclo corto o largo), del sistema de cultivo y de la condición del agricultor, algunos de los puntos pueden ser despreciados. Amado y Wildner (1991) remarcan que difícilmente una especie cumplirá al mismo tiempo con todos los prerequisitos mencionados anteriormente. Por esta razón, en el ámbito de la propiedad agrícola, sólo algunas de estas características serán de importancia fundamental, siendo por lo tanto utilizadas como criterios de selección.
Abono verde intercalado con los cultivos
En esta modalidad el abono verde es sembrado en la entrelínea del cultivo comercial, y es especialmente adaptada a situaciones en las cuales el suelo tenga que ser utilizado de la manera más intensa posible.
Entre los abonos verdes utilizados en esta modalidad se destacan, la soya perenne intercalada con cítricos, la arvejilla intercalada con viñedos, entre otros. Este tipo de abono verde deber ser realizado cuidadosamente, para evitar que el abono verde pueda competir con el cultivo comercial, ocasionando inclusive reducción en la productividad. Las principales ventajas de este sistema son el uso intensivo del suelo, el control eficiente de la erosión y la reducción de la propagación de malezas.
Abono verde perenne en áreas de descanso
La utilización de abonos verdes en áreas degradadas por el manejo o en áreas que no están siendo temporalmente cultivadas puede ser una práctica recomendable.
Las principales especies utilizadas comprenden el gandul y especies de los géneros Indigofera, Leucaena, Tephrosia, Crotalaria, entre otras. Estas especies al poseer un sistema radicular profundo y elevada producción de biomasa, presentan la doble ventaja de recuperar las propiedades del suelo y posibilitar su utilización como alimento animal.
Manejo del abono verde
Factores a ser considerados para la implantación de los abonos verdes
Para que los abonos verdes puedan expresar al máximo su potencial de producción de biomasa, es necesario que se les ofrezcan condiciones mínimas para su crecimiento y dsearrollo. Es fundamental conocer las exigencias para su cultivo, en lo que se refiere a temperatura, suelos y disponibilidad de agua (Bulisani y Roston, 1993). Estos tres parámetros posibilitarán el conocimiento del comportamiento de los abonos verdes, y la definición de las mejores épocas de siembra, así como las mejores regiones de cultivo en función de los suelos que las forman.
En lo que respeta a la temperatura, los abonos verdes se pueden dividir en dos grupos básicos: abonos verdes de regiones subtropicales/templadas y abonos verdes de regiones tropicales, o más comúnmente conocidos como abonos verdes de invierno y de verano.
Las especies invernales son adecuadas para el período del año en el cual comienza la declinación de las temperaturas altas de verano, en especial la ocurrencia de temperaturas más moderadas durante la noche. La siembra debe ser realizada de manera tal que no perjudique el crecimiento vegetativo o la fase reproductiva, que ocurre al inicio de la primavera.
En el caso de las especies tropicales o de verano es necesario observar la ocurrencia de bajas temperaturas al inicio del crecimiento, puesto que pueden causar daños irreversibles al retardar el crecimiento, o al final del ciclo imposibilitando la reproducción (aborto de flores, quema de frutos), o evitando la producción máxima de biomasa. La época de siembra de los abonos verdes de verano es determinante de la altura final y de la producción de biomasa de las especies de hábito erecto o de la expansión lateral de las especies de hábito rastrero/trepador (Wutke, 1993), (Wildner y Massignam, 1994a, b, c). De este modo, siembras tardías de gandul y crotalarias, a partir del inicio del período lluvioso resultan en reducciones significativas de la altura de plantas (de 3m a 1,0-1,5m), disminución de la biomasa (Wutke, 1993 y Wildner y Massignam, 1993), disminución de la cobertura del suelo, aumento de la incidencia de plagas, facilitando la cosecha de granos o dificultándola.
Los abonos verdes más utilizados tienen una amplia adaptación a los distintos tipos de suelo; las leguminosas en general, son exigentes a un mínimo de fertilidad, traducido principalmente por una disponibilidad adecuada de Ca, Mg, P y K (Bulisani y Roston, 1993). Algunas leguminosas son más tolerantes a condiciones de suelos degradados; entre ellas se citan al gandul y varias crotalarias. Las leguminosas de verano, por otro lado, parecen ser menos exigentes en fertilidad que las leguminosas de invierno. Otras especies de gramíneas, crucíferas y cariofiláceas son también menos exigentes que las leguminosas.
La disponibilidad de agua, representada por la cantidad y la distribución, influyen marcadamente en el desarrollo de los abonos verdes y en la determinación de su época de siembra. Es importante, por lo tanto, identificar los períodos de déficit acentuado de agua para que sea posible anticipar o retardar la siembra de los abonos verdes. Según Bulisani y Roston (1993), la fase más critica en la implantación de las leguminosas es la de la germinación y emergencia de plántulas, cuando la falta de agua puede restringir la obtención de una adecuada población de plantas. En las fases siguientes del ciclo vegetativo, por la naturaleza del sistema radicular, por la menor demanda de agua y por el propio estado de crecimiento, los perjuicios por deficiencia hídrica son poco aparentes.
Manejo de la fitomasa
La cantidad de fitomasa a ser producida en determinada área de explotación agrícola depende, básicamente, del interés y del objetivo del agricultor. El tiempo de permanencia de la cobertura vegetal es definido considerando el sistema de producción adoptado en la propiedad agrícola, pudiendo ser mayor o menor de aquel hasta entonces recomendado para esa práctica agrícola. No debe prescindirse de la cobertura del suelo bajo cultivo, en cualquier época del año, con miras al mantenimiento de su integridad física, química y biológica (Wutke, 1993).
El agricultor puede optar por tres sistemas básicos de manejo:
La incorporación total de la fitomasa, caracterizando al tradicional abono verde.
La incorporación parcial de fitomasa, caracterizando el llamado cultivo mínimo.
Manejo de la fitomasa, sin incorporación al suelo, caracterizando la siembra directa.
Incorporación total de la fitomasa: es el manejo más conocido y difundido entre los agricultores. La incorporación puede ser realizada en cualquier momento, dependiendo de los objetivos del agricultor; la época tradicionalmente recomendada para ello es durante la floración plena del abono verde. Es en esta fase que ocurre la máxima acumulación de biomasa y nutrimentos. Cuando se realiza anticipadamente, la velocidad de descomposición de la biomasa será mayor y los niveles de nutrimentos serán menores. Cuando el manejo se retarda, las plantas se tornan más leñosas (relación C/N mayor), y la descomposición será más lenta. La opción por esta o aquella época estará en función, principalmente de la época de siembra del cultivo sucesivo. Esta operación debe ser realizada con arados y discos. Incorporación parcial de la fitomasa: para obtener la incorporación parcial de la fitomasa se utiliza el mínimo de operaciones de preparación del suelo, necesarias para dar condiciones favorables a la germinación de las semillas y el establecimiento de las plantas (Curi et al. 1993). Monegat (1981) difundió, para las condiciones de los pequeños agricultores de la región sur del Brasil, la idea del cultivo mínimo con tracción animal, utilizando plantas de cobertura del suelo en el invierno (cultivo mínimo con Vicia sativa). En este caso, la única operación de preparación del suelo es la apertura de un surco, con el distanciamiento en que se hará la siembra del cultivo posterior; en las entrelíneas el suelo permanece protegido. En este sistema la cobertura vegetal es prácticamente incorporada durante el surcado (20 a 40%). El resto de la cobertura vegetal podrá ser mantenida en la superficie o sea total o parcialmente incorporada durante la fertilización nitrogenada o durante el control de las malezas (Monegat, 1991). Este sistema es viable en áreas con baja incidencia de malezas; en caso contrario, el método químico podrá ser usado para el control de las malezas. El cultivo mínimo, además de los varios beneficios que proporciona, reduce la cantidad de mano de obra necesaria para la implantación de los cultivos, al ser comparado con el cultivo convencional
Efectos del abono verde en las propiedades del suelo
Efectos en las propiedades físicas del suelo
Los efectos de los abonos verdes/cobertura del suelo, según Muzilli et al. (1980), pueden ser observados durante dos fases:
la primera, se refiere a la protección de las capas superficiales del suelo por parte de las plantas;
la segunda, se refiere a la incorporación de la materia vegetal al suelo.
Según Amado (1985), la cobertura vegetal viva o muerta es el factor aislado que mayor influencia ejerce sobre la superficie del suelo, previniendo la desagregación del suelo y la formación de costras que reducen la infiltración del agua. También disminuye la velocidad de la escorrentía, la concentración y el tamaño de los sedimentos transportados y, por lo tanto, las tasas de pérdida de suelo y agua.
La cobertura vegetal también ejerce influencia sobre la humedad y la temperatura del suelo. La influencia en la reducción de las pérdidas de humedad puede ser atribuida a una sumatoria de varios factores. Se destacan las reducciones en la evaporación y el escurrimiento superficial y el incremento de la infiltración y capacidad de retención de agua en el suelo (Moody, 1961 y Eltz et al. , 1984, citados por Amado et al. , 1990). Las diferencias en el contenido de humedad del suelo se hacen más pronunciadas en épocas de sequía, evidenciándose que la preparación del suelo cubierto atenúa los déficit hídricos de corta duración (Amado et al. , 1990).
Derpsch et al. (1985), estudiando sistemas de manejo de suelos para el cultivo del maíz, observaron que los mayores contenidos de humedad del suelo fueron registrados en parcelas con residuos de avena negra, y los menores, con chícharo. La humedad del suelo, durante el período vegetativo del maíz, en las parcelas con residuos de avena negra fue de 3,0 a 7,4% superior a la humedad del suelo de la parcela mantenida en descanso. En general, los resultados demostraron claramente que las pérdidas de agua del suelo durante el verano fueron reducidas con la presencia de residuos de plantas cultivadas durante el invierno y mantenidos en la superficie del suelo (Figuras 32 y 33). Es importante remarcar que el análisis de las temperaturas máximas y mínimas es de fundamental importancia debido a los efectos que ejerce la temperatura del suelo en la actividad biológica, la germinación de las semillas, el crecimiento radicular y la absorción de iones.
Según Muzilli et al. (1980), las propiedades físicas afectadas por la incorporación de abonos verdes son la estructura, la capacidad de retención de agua, la consistencia y la densidad; otras propiedades como la porosidad, la aireación, la conductividad, la hidráulica y la infiltración están ligadas a las modificaciones de la estructura. Sin embargo, este efecto depende circunstancialmente de la calidad y cantidad de biomasa incorporada, de los factores climáticos y de las características del suelo.
Derpsch (1984), indica que las tasas de infiltración de agua en el suelo después una cobertura verde evaluada con anillos concéntricos, aumentaron hasta 416% en un Latosol Rojo Distrófico y hasta 628% en un suelo Tierra Roja estructurada, en comparación con la parcela de trigo. Más aún, la mayor infiltración persistió hasta el próximo cultivo de soya.
Sidiras y Roth (1984), evaluaron la capacidad de infiltración de diferentes coberturas, utilizando un simulador de lluvia. Observaron que la infiltración fue mayor donde hubo mayor cantidad y calidad de abonos verdes. Los resultados en este caso presentaron menos diferencias significativas con relación al trabajo de Derpsch (1984) en virtud, principalmente, de la diferente metodología.
Derpsch (1984), también indica que la labranza de las parcelas con preparación convencional, confirmó el efecto positivo de las coberturas verdes sobre la consistencia del suelo, comparado con el testigo cubierto con trigo. Según el autor, las coberturas verdes dejan como resultado un suelo muy friable debido a una preparación biológica del suelo
Efectos de los abonos verdes en el control de malezas
El control de malezas es más eficiente en sistemas de cultivos con presencia de cobertura muerta, principalmente de especies de invierno. La acción de la cobertura muerta se da principalmente por el efecto alelopático de sus productos de descomposición (Lorenzi, 1984). En el Cuadro 32 se presentan algunos ejemplos más comunes de alelopatía e incompatibilidad de plantas.
Según Almeida et al. (1984), los efectos alelopáticos son específicos, por eso el complejo que se desarrolla en las diferentes coberturas muertas difiere, cualitativa y cuantitativamente, en función del tipo de residuos vegetales de que están compuestas. Según Lorenzi (1984), entre los diversos grupos de plantas utilizadas como cobertura muerta, las gramíneas (maíz, trigo, avena, cebada, centeno) parecen ejercer los efectos alelopáticos más pronunciados, mientras que las leguminosas (altramuz, serradela, mucuna) son también eficientes sobre diferentes especies de malezas. Respecto a la relación entre malezas de hoja ancha y gramíneas, Almeida (1987) observó, que en las coberturas muertas de altramuz, nabo forrajero y repollo, las gramíneas dominan a las malezas de hoja ancha; mientras que con centeno y triticale sucede lo contrario; en cambio con trigo y avena es menor el dominio de un grupo sobre el otro (Figura 37). El mismo autor observó que las coberturas de avena negra, centeno, nabo forrajero y repollo son las que, después de la cosecha, dejan el terreno más limpio y son también las que tienen un efecto más prolongado sobre las malezas.
Almeida (1985a, b), concluyó que, seleccionando con criterio los cultivos de invierno formadores de cobertura muerta, es posible disminuir significativamente la propagación de malezas y con eso reducir también el uso de herbicidas.
A pesar de las ventajas de la utilización de los cultivos de invierno para la formación de coberturas muertas y de sus efectos alelopáticos, debe considerarse que dan lugar a rebrotes. La serradela y la arveja producen muy poco rebrote, pero presentan el problema de la resiembra natural. En general, los cereales (avena negra, centeno, trigo y cebada), girasol, col forrajero, repollo y nabo forrajero producen fuerte rebrote, lo que exige el uso de herbicidas para su eliminación. La avena también presenta resiembra natural
Efectos
Salobreña
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30 oct 2009
costa tropical

por Salobreña de judia magica 26 nov 2010, 17:59
espero que te sea de utilidad...
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